miércoles, 8 de mayo de 2013

Hacia dónde : Teniente Corrupto


Peajes, frontera y alusiones : acá.
De momento. Salud, entonces.

martes, 21 de agosto de 2012

lunes, 13 de agosto de 2012

Los juegos de Alain. De lo lúdico en Resnais


Mucho se escribió sobre la segunda juventud del veterano Alain Resnais al calor del estreno de su (ya penúltima) película Les herbes folles (aquí Las malas hierbas). Sorprendía que un respetable cineasta cercano a cumplir la centena entregase no ya una pieza casi redonda (que lo era), sino un artefacto que conjugaba un fuerte afán si no experimental, sí al menos enemigo de convencionalismos, con un sano sentido de la diversión, una predisposición al cachondeo referencial y a las vistosas piruetas estilísticas.

domingo, 24 de junio de 2012

PREVIEW: "THE DARK KNIGHT RISES"


A mes escaso del estreno de la tercera parte de la trilogía de Christopher Nolan sobre Batman la expectación mundial es máxima, pues se trata de la continuación de una de las películas más taquilleras y de mayor impacto en la cultura popular de los últimos tiempos. Pero no se trata sólo de eso, de un espectáculo de superhéroes revientataquillas para pasar la tarde (aunque también es válida para cumplir esta función), sino que también sirve como radiografía increíblemente cercana y certera del tiempo que nos ha tocado vivir: la decadencia del capitalismo tras el paso por su más ostentoso cenit; el despertar de la gente ante el repentino descubrimiento de la cómoda cárcel en la que sus cuerpos y espíritus están atrapados; y la irrupción de una colosal crisis ante la cual la brújula de valores que utilizábamos ha quedado completamente desfasada. Si en Batman Begins el miedo convertido más tarde en furia era el motor de un Bruce Wayne millonario y huérfano que, impotente ante la corrupción y los abusos cometidos en su ciudad, decide convertirse en un agente y símbolo de la justicia más allá del sistema legal, en El Caballero Oscuro esa anomalía en el equilibrio social (o más bien el desequilibrio social) genera la reacción contraria en la figura del Joker, salvaje y retorcido bandido marginal que se hace con el control de una mafia desesperada ante la presencia de Batman y utiliza sus recursos no para enriquecerse sino para dinamitar desde dentro la estructura legal, económica y ética sobre la que se sustenta Gotham City; y más tarde en la del fiscal Harvey Dent, símbolo público del sistema moral que Wayne defiende desde las sombras que acaba tomándose la justicia por su mano aplicando el único juicio que considera real: el juicio del azar. Al final de esta última Batman decide atribuirse los crímenes de Dent para que su nombre quede limpio y la ilusión de una sociedad más justa que este trajo a Gotham no sea destruida tal y como pretendía el Joker. Desde luego no resulta muy difícil encontrar claras concomitancias entre estos personajes y sus acciones y nuestro mundo en su agitado devenir actual.

martes, 19 de junio de 2012

John Cheever (1912-1982)

Son 30 años sin Cheever, John Cheever. Era 18 de junio cuando alguien clausuró dificultosamente la llave del cloro, vació la piscina y permitió a los insectos, a la procesionaria, cobrarse su parte de una vez por todas.

sábado, 16 de junio de 2012

Fahrenheit 451, de François Truffaut. Filmar es escribir

Haciendo gala de mi habitual oportunismo, que en este blog cristaliza en una constante recurrencia a los obituarios, me lanzo hoy a divagar sobre algunas cuestiones aparejadas a la película Fahrenheit 451, que François Truffaut dirigió en 1966 a partir de la novela del recientemente fallecido Ray Bradbury. Como hasta los no iniciados sabrán, el genial escritor de Illinois dibujaba un panorama distópico en el que los poderes fácticos impedían a la población el acceso a la cultura escrita. Es decir, una sociedad sin libros. Cualquier ejemplar impreso quedaba proscrito, y lo mismo ocurría con aquellas personas descubiertas con algún tomo "no declarado".

martes, 12 de junio de 2012

Chéjov y los demás. 'Another year' de Mike Leigh

Varios críticos señalaron en su momento lo chejoviana que era la última maravilla de Mike Leigh: Another year. Qué acierto. Realmente, toda la filmografía del de Manchester podría considerarse una traslación a un contexto y una sensibilidad británicas de las constantes del autor ruso. A saber, un examen entre dramático e irónico de una cierta clase social (terratenientes y burgueses rurales rusos, working-class británicos), un tono narrativo entre denso y ligero y, en última instancia, una visión de la existencia cercana al pesimismo, o más bien teñida de tristeza, una tristeza presentada en modo menor, nunca dada a arrebatos trágicos, pero que ejerce de potente y silenciosa catarsis para el espectador. Tanto Chéjov como los que han sabido recoger su legado (Leigh, claro, aunque hay algunos otros) desenmascaran la casi imperceptible tragedia del día a día y la transforman en materia dramática.

lunes, 11 de junio de 2012

«-¡¿Ruso?! -Ruso blanco, ¡claro!». Humor y crítica en «Uno, dos, tres» de Billy Wilder (1961).



El análisis de cualquier creación potencialmente artística está determinado por la existencia de dos ámbitos de interpretación diferentes: el discurso conceptual, y la relación entre este, el contexto histórico y político, y la realización en términos materiales. Ambas facetas se hallan estrechamente relacionadas, y su posible dependencia constituye siempre una compleja evaluación. En cualquier caso, el origen de la expresión intelectual y artística radica en el contacto con la realidad, lo cual supone asumir una metodología orientada a sintetizar un término medio entre las dos posibilidades mencionadas.

Esta reflexión inicial resulta fundamental, puesto que el objeto de estudio de este pequeño ensayo se sumerge de lleno en esa dialéctica entre creación y realidad. Uno, dos, tres (Billy Wilder, 1961) narra una historia aparentemente anecdótica y cómica, pero presenta una visión singular de una realidad histórica profundamente trascendente. El concepto artístico de la película podría incurrir en el vacío si se obviara cualquier parecido con los hechos reales. De este modo, es posible entender que lo formal cumple su función gracias a un discurso apegado a la realidad de la sociedad humana contemporánea. Sin duda, esta afirmación supone entrar de lleno en la complejidad antes mencionada, pero es necesario para comprender el papel del equipo de la película en la creación. Por otro lado, un análisis histórico requiere centrarse en el ámbito ideológico, en aquello que interpreta y describe la realidad, matizando la relevancia de los medios que permiten su elaboración «lingüística».

viernes, 8 de junio de 2012

jueves, 10 de mayo de 2012

EN LA CARA. 'El inspector' de Gógol, según Miguel del Arco


Asistiendo a la representación de la versión de El inspector que Miguel del Arco ha practicado sobre el esquema de Gógol, uno elucubra, mientras intenta tomar el aire que le niegan las carcajadas, lo necesario que resultaría el embarcar en mastodónticos autobuses, a la manera del Imserso o de las excursiones escolares, a los miembros del Congreso de los Diputados y a los consejeros de más de una Comunidad Autónoma para llevarles hasta el CDN y que así contemplasen esta pieza. O, más bien, que se contemplasen a ellos mismos.

El laureado (con razón) Miguel del Arco ha entendido perfectamente la estrategia gogoliana: utilizar la máscara (de la comedia, de la farsa desatada) para desenmascarar. Y qué mejor que hacerlo ahora. 1836-2012. Las variaciones a las que se somete el texto (alusión a unos trajes por allí, quejas sobre la escasez de sueldo de ciertas mandatarias, vituperios contra un pueblo indignado por allá), paradójicamente, no hacen más que evidenciar que nada ha variado. Del Arco, que ha parecido encontrar en los dramaturgos rusos el certero diagnóstico a la estulticia del ahora (magnífica era su revisión de los Veraneantes de Gorki), nos entrega una obra en la que el humor, que corre a espita libre, nunca camufla el fondo de amargura. Sin la sutileza y matizaciones que vertebraban su adaptación de Gorki, plantea un espectáculo donde la chanza descarada campa a su antojo y las collejas alcanzan a todo bicho viviente. Conducidas, eso sí, por un reparto de excepción y una dirección que despacha gags con vertiginosa precisión.

Es este nuevo Inspector un teatro (aunque ya sé que no es totalmente adecuado el uso del término) en la cara. Es una bofetada contra ellos, los de siempre, los miserables que se perpetúan con la consigna del cambiarlo todo para que todo permanezca. Una buena hostia en su cara. Y en la nuestra también. Quien se acerque a verla (no duden en hacerlo) hallará risas, pero que no olvide el mensaje de uno de los graffitis que, como parte del atrezzo, aparecen al final de la obra: TONTO EL QUE LO LEA.

sábado, 28 de abril de 2012

A propósito de 'Las nieves del Kilimanjaro', de Robert Guédiguian

En una ocasión discutía con mi compañero de discursos cibernéticos Santi Lomas cuál era el cine más apropiado para tratar la presente crisis en la que estamos sumidos (y bla-bla-bla). El tema venía a colación del rechazo que nos produjo la muy elogiada 'Carnage' de Roman Polanski, tan supuestamente crítica con el status quo como en el fondo complaciente en sus pretendidamente sañudas diatribas. Otro colega, David Muela, propone como nuevo modelo expositivo-crítico los ejercicios sobre la figura de Batman practicados por Christopher Nolan. Puede ser (no lo sé). Hay otro cine, el que sobre todo a rebufo de la eclosión del 68 se empezó a etiquetar como "cine político" o "cine social" a falta de mejores definiciones, que enfrenta problemáticas de manera directa y muestra sin cortapisas sus presupuestos ideológicos. Intenté analizar este tipo de películas, y defenderlas, "a propósito de También la lluvia" (no por casualidad el presente post se titula así). La nueva incursión de Robert Guédiguian en nuestras pantallas me da pie para escribir sobre una corriente que, al menos en España, goza de irregular estimación crítica.

jueves, 26 de abril de 2012

domingo, 22 de abril de 2012

La realidad y la imagen. 'Vals con Bashir' de Ari Folman



El mamotreto que viene a continuación es una ligera reelaboración de un (intento de) ensayo realizado con motivo de una práctica universitaria. De ahí lo relamido, reiterativo, académico y demás defectos detectables. Pero, seamos sinceros, el orgullo puede. Y para algo tienen que servir los blogs. Pues eso, ahí queda.


Más o menos a la mitad de metraje del documental de animación que el israelí Ari Folman estrenó en 2008, hay una escena que bien podría considerarse la síntesis de la película y que asimismo se emparenta con el tan comentado final de la misma.

jueves, 12 de abril de 2012

Los caballeros las prefieren muertas. 'Vértigo', Hitchcock

Aquellos que el orondo Alfred llamaba "mis amigos los lógicos" quedarían contentos con los giros que la trama de Vértigo (1958) proponía. Suponía un alivio pensar que Madeleine (bueno, realmente Judy) no estaba poseída por fantasma alguno. Sin embargo, esta obra totémica incontestable (sin peros posibles) del séptimo arte no deja de ser en cierto sentido una historia de fantasmas. Y por añadidura, la cinta más romántica, en la primigenia acepción del término, con la que servidor haya topado. Aprovecho para avisar que en esta entrada prescindiré sin escrúpulo de cualquier ahorro de spoilers. Así que el que no haya visto la película, que vaya espabilando.

sábado, 7 de abril de 2012

'Los pájaros' (1963), o Hitchcock mon amour


Los espectadores de Madrid y Barcelona están de enhorabuena. Desde el día 4, los cines Verdi ofrecen en alta definición cuatro pesos pesados de la historia del cine, cuatro piezas clave de la filmografía de Alfred Hitchcock: Vértigo, Con la muerte en los talones, Psicosis y Los pájaros. Me detengo en esta ocasión en la última.

viernes, 30 de marzo de 2012

Angelopoulos o lo sublime. 'La eternidad y un día'


Esta entrada llega tarde. Reconozco no haberme sumado a las lamentaciones por la (inesperada, trágica, otros tópicos) muerte de Theo Angelopoulos por puro prejuicio, contagiado de la (tópica, también) opinión que concibe al griego como un plusmarquista del tedio y el elitismo intelectual más odiable. Craso error. Que esto que escribo me sirva como penitencia y pequeño homenaje, no sólo a Angelopoulos, sino también a su guionista, el inabarcable Tonino Guerra que, para consternación de la cinefilia, no ha tardado en acompañar a su amigo.

La eternidad y un día (Mia ainiotita kai mia mera, 1998) es el relato del último día de vida de un anciano escritor. En un ambivalente recorrido por el pasado y el presente, el suyo y el de su país, el protagonista, encarnado con maestría por el legendario Bruno Ganz (que por algo le tenemos como cara visible en el logo), intenta recuperar su infancia mediante la amistad que establece con un niño albanés refugiado, se pregunta por qué hemos dejado de amar y, finalmente, en uno de los planos más acojonantemente hermosos (es así) que se ha tenido a bien rodar, se topa de bruces con la eternidad. Entre medias, Angelopoulos nos obsequia con un mágico viaje en autobús y la representación, no por onírica menos certera, de lo que significa una frontera. Con la oración funeraria más humilde e inocente, y con la historia de un poeta comprador de léxico.

Ante una obra como ésta, lo único que cabe lamentarse es la desaparición del hombre que tuvo a bien llevarla a cabo. Un hombre que, a pesar de entonar aquí uno de los más emocionantes cantos sobre el término de la existencia (con lo que eso suele tener de concluyente), aún tenía muchísimas cosas que contar. Lo mismo vale para Guerra, que no por casualidad era poeta antes que guionista. Cómo duele a veces el Cine.

jueves, 29 de marzo de 2012

(#Toma29M)

 La huelga (Стачка, 1925, Eisenstein) 




























#Enhuelga

lunes, 26 de marzo de 2012

La mirada de Haneke


O la mirada en Haneke.

Lo mismo nos da, pues ambas nos valen. Los que estén familiarizados con esa manía/obcecación del director austriaco por mostrar los (por otra parte abundantes) momentos "duros" de sus filmes mediante la radical sobriedad en la puesta en escena sabrán de lo que hablo. La visualización de momentos tan agresivos como la muerte del niño y la posterior reacción de sus padres en Funny games (1997 y 2007), la mutilación genital o el deprimente acto sexual en La pianista (La pianiste, 2001), la escena de acoso en un vagón del suburbano al personaje de Juliette Binoche en Código desconocido (Code inconnu, 2000) o los castigos corporales infligidos a los niños de La cinta blanca (Das weisse Band, 2009), todo ello se podría circunscribir en buena medida a lo que se ha dado en llamar la "concepción baziniana de la puesta en escena", esto es, la fidelidad absoluta al curso de la acción narrada, lo que supone que dicho curso no se puede adulterar de ningún modo (cambiando de plano, por ejemplo) si no se quiere traicionar la realidad de lo mostrado. En este sentido, Haneke se distingue como uno de los más espartanos y rigurosos exégetas de la doctrina. El seguimiento de las acciones en planos largos, usualmente fijos, el desuso de música extradiegética y la rigurosidad de la ambientación conforman, en líneas generales, el estilo Haneke (no exactamente baziniano, como ahora veremos, aunque como ya he dicho toma de él buena parte de sus presupuestos), que siempre se ha tildado de frío y desapasionado, lo que, creo yo, no es exactamente cierto, como ahora intentaré demostrar.

lunes, 19 de marzo de 2012

Pilotos de parpadeante bragueta: 'Las malas hierbas' de Alain Resnais



Oh, Les Herbes Folles (Alain Resnais, 2009). Y la filia de l'autre côté de pyrénées por desmontar la ingeniería emocional burguesa nos trae -que no podía ser de otro modo- por la senda del alu(cine). De la novela L' Incident (Christian Gailly, 1996), ese tótem sacro que fue y -ojo- continúa siendo Alain Resnais ha facturado estos lodos. Qué vaya lodos. Porque la debutante del pasado viernes, muy de pelotón exhibidor, se destapa como una película superdotada, sugestiva, marciana, un relato despegado de lo real que tantea aterrizajes sobre un aeródromo por cuyo accionariado se las tendrían Hitchcock, Lynch, Chabrol, la alargadísima sombra de Tom Ripley y mamá Highsmith. Accionariado puesto que aquí, para indiscutible patrón de pista, suena Resnais, que agota velas en la tarta pero -y me remito a las imágenes, su puesta en escena o el fascinante 'scrabble' narrativo- viene a gastar una irreprochable dentadura de leche. De sonrisa trident.

Que cómo te lo pasas, Alain. Y nosotros, efectivamente. Nosotros contigo. 

sábado, 17 de marzo de 2012

Tirarse a la piscina. 'Deep end', de Jerzy Skolimowski


La lubricidad sumergida en cloro. Con tal tarjeta de presentación irrumpía el itinerante polaco Jerzy Skolimowski en el panorama británico. 1970, swinging London, Cat Stevens, John Moulder-Brown y, claro, Jane Asher; el consabido tránsito de iniciación sexual nunca fue tan tierno y al mismo tiempo, tan enfermizo.

Ciertas películas, más allá de su contrastada calidad, adquieren validez gracias al poder de fascinación que desprenden. Deep end nos vale como ejemplo. 

jueves, 1 de marzo de 2012

lunes, 27 de febrero de 2012

La victoria de 'The Artist' en los Oscars. Un comentario

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(In memoriam Erland Josephson)

Anoche se entregaron los Oscar. ¿Alguien no lo sabía? Quisiera comentar la victoria de The Artist, a la que incluí en mi selección de 5 películas que se publicó en este blog con motivo del cambio del año. Faltaba en ella El árbol de la vida. Aún lo la había visto, lo siento. Desarrollo en las siguientes líneas las ideas que en su día planteé, por lo que me autocitaré de vez en cuando.

sábado, 25 de febrero de 2012

El lugar de la utopía. La invención de Hugo, de Martin Scorsese.


Se me hace muy difícil ponerme a escribir (con serenidad y rigor, se entiende) de una película que, a pesar de sus carencias, me ha encandilado completamente. Vamos a intentarlo. Marty (Scorsese), reconozcámoslo, no tiene un pelo de tonto. El aparente salto al vacío que le ha supuesto realizar por primera vez en su carrera una película para toda la familia lo ha superado, al menos a ojos del que esto escribe (y a buen seguro que de un puñado de cinéfagos más), recurriendo a su archiconocida faceta de amante nostálgico e irredento del séptimo arte. Faceta en la que, claro, no puede salir perdiendo. Jugada astuta, efectivamente, pero muy buena jugada.